Cuando pensé que estaba perdiendo todo... descubrí mi activo más valioso: MI CONOCIMIENTO

Soy empresaria desde los 25 años. A lo largo del tiempo he creado diferentes modelos de negocio: ventas, servicios, hospederías tipo Airbnb, alquiler de locales comerciales y bienes raíces. De todos ellos entendí algo que hoy sostengo como una verdad: nadie se toma tus sueños tan en serio como tú.

Sí, hay personas que se comprometen contigo… pero también hay otras que no tienen interés en crecer. Por eso aprendí a rodearme de gente con aspiraciones, visión y hambre de evolución.

En la vida empresarial se vive por ciclos. Yo lo describo como una rueda: hay temporadas donde estás en el tope y todo fluye… y otras donde estás en el fondo, resolviendo, reajustando y volviendo a creer en ti. Esos ciclos me enseñaron a construir un negocio que dependiera de mi conocimiento, y no del conocimiento (o la ejecución) de otros.

Me encanta aprender y estar al día con nuevas tecnologías y tendencias. Por eso decidí estudiar mercadeo digital, habilidades en redes sociales, aprender estrategias digitales, desarrollar nuevas líneas de productos e incursionar en el comercio electrónico.

La mayoría de los negocios tradicionales no dependen de una sola persona: recaen en un equipo de trabajo. Si alguien no hace su trabajo, el resto del equipo se ve afectado. Yo dependía de contratar personal para generar mi ingreso y que estos completaran el servicio o la venta. Fue entonces que entendí que necesitaba un modelo de negocio donde yo pudiera tener autonomía y control.

Puedo contratar ayuda, sí… pero si alguien falla, yo tengo la capacidad de sostener el negocio. Ese cambio me hizo sentir preparada y en control sobre mi manera de generar ingresos.

En el 2016 tomé la decisión de hacer ese cambio de estructura en mi forma de hacer negocios, y transformó mis ingresos.

Mis puntos de quiebre: cuando la vida me obligó a reinventarme

Tuve varios puntos de quiebre que me llevaron a tomar decisiones importantes. En el 2009 mi esposo enfermó y se retiró de nuestra empresa. En ese mismo periodo coincidió una etapa económica difícil que se sentía en Puerto Rico y en Estados Unidos: una recesión global.

Nuestra empresa no fue la excepción. Las ventas y los servicios bajaron. Tuve que despedir empleados y, eventualmente, recurrir a la quiebra para poder reestructurar la empresa y nuestras finanzas.

Ese periodo me cambió. Porque ya no era “vamos a resolver”… era: tengo que asumir esta responsabilidad y empezar desde cero.

Ahí aprendí algo que hoy repito con el corazón en la mano:
cuando todo se cae, lo único que nadie te puede quitar es lo que tú sabes.
Tu conocimiento. Tu criterio. Tu habilidad de reconstruirte.

No voy a romantizarlo: empezar de cero da miedo. Cansa. Te confronta. Y a veces hasta te hace sentir sola. Pero también te regala una claridad brutal: o te conviertes en tu plan A… o la vida decide por ti.

La escena que no olvido

Recuerdo un día en el 2011: estaba sentada en el sofá de mi casa, con esa sensación de estar perdiendo el tiempo, viviendo de cheque en cheque… literalmente, una “empresaria” en modo “sobreviviendo”. Me dolía —porque duele perder cosas por las que invertiste tiempo, energía y dinero—, pero al mismo tiempo, dentro de mí había una certeza: yo podía lograr cosas nuevas.

Y me hice una pregunta que cambió mi dirección:
Si tengo que comenzar de nuevo… ¿qué tipo de negocio puedo crear que no dependa de otros y que solo dependa de mi esfuerzo y de mi capacidad?

Fue en ese momento que comencé desde cero, con la fuerza y la motivación de crear algo nuevo. Siempre me apasionaron las ventas, el mercadeo y ver marcas evolucionar. Para ese tiempo, las redes sociales estaban tomando fuerza y abriendo un mundo nuevo para los negocios: un alcance distinto, una vitrina global, una oportunidad real para crecer sin límites geográficos.

Ahí entendí algo que hoy le digo a cualquier emprendedor: si el mundo cambió, tu modelo también tiene que cambiar.

Mi nuevo modelo: construir desde conocimiento y sistemas

Fue entonces cuando decidí ampliar mis habilidades dentro del mundo digital: redes sociales, estrategias, presencia de marca, creación de productos y plataformas. Esa decisión fue un antes y un después.

Crear mi empresa de consultas, talleres y servicios digitales fue otro punto de transformación. Ahora era yo creando desde mi trinchera: desde mi pasión y desde mi conocimiento. Al principio, muchas personas —incluso familia— veían mi trabajo como un “juego”. Pero el tiempo y los resultados hablan solos.

Con el tiempo he logrado generar ingresos de más de cinco cifras mensuales, trabajar con firmas y marcas importantes, y acompañar a empresarios que quieren crecer de forma estratégica. Y hoy, por todo lo que construyo y por el tipo de ayuda que le doy a mis clientes, más que “coach digital”, me defino como Arquitecta de plataformas digitales: porque diseño estructuras, procesos y experiencias para que las marcas puedan utilizar herramientas digitales y monetizar en piloto automático.

Y quiero aclararlo: cuando digo “piloto automático”, no hablo de magia. Hablo de sistemas. De estructura. De intención. De crear un negocio que no dependa de improvisar todos los días.

Lo que aprendí (y lo que quiero que tú aprendas también)

Si hoy pudiera resumir mi historia en lecciones, serían estas:

  • Tu historia no es un obstáculo; es una herramienta. Si la conviertes en mensaje, se convierte en marca.

  • Tu ingreso más estable viene de lo que sabes, no de lo que “está de moda”.

  • No necesitas saberlo todo, pero sí necesitas un sistema.

  • El entorno importa: rodéate de personas con aspiraciones, visión y hambre de crecimiento.

  • Los ciclos no se evitan, se navegan. Y cuando vuelvas a estar abajo, tendrás con qué levantarte.

Es por eso que he creado este reto

Hoy me toca enseñar desde mi trinchera. Quiero ayudarte a construir una marca personal o una empresa que use las herramientas digitales a tu favor para crecer.

En este reto no vienes a “motivarte”. Vienes a diferenciarte, a ordenar tu historia, a convertir tu experiencia en mensaje y tu mensaje en un plan.

Si estás lista/o para tomar en serio tu sueño, este es tu espacio.

He logrado mi sueño, mi propósito y vivir de mi pasión. Y ahora te toca a ti.

Porque la economía digital está disponible para todos, pero no todos tienen un mapa.

¡Bienvenido/a! Vamos a construir… desde tu trinchera.